Duluth celebra su hermanamiento con Los Ranchos

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Las siguientes cartas y reflexiones fueron compartidas durante una actividad en la Iglesia Luterana de Duluth para celebrar su hermanamiento con San Antonio Los Ranchos en El Salvador.

FlowerPastor David Tryggestad
Delegación: marzo del 1998
(Reflexión: abril del 2015)

Nuestro viaje a El Salvador fue una de las experiencias más formativas de mi vida. Volví cambiado, y recuerdo- y todavía siento el gran inquietud en el regreso a mi lugar en nuestra cultura de privilegio y el consumo excesivo. Antes del viaje, compré la bolsa de lona más grande que pude encontrar para mis cosas, ¡creo que podría haber puesto una nevera pequeña adentro! Mi equipaje – mi bolsa de lona – se perdió durante el viaje y fue entregado a mí de una manera muy pública después de haber estado en Los Ranchos por cuatro días, momento en el cual yo estaba esperando que no llegaría nunca; Yo estaba avergonzado por mi noción de necesidad, las cosas que pensaba que necesitaba durante nuestra visita de diez días. Mientras tanto, mi anfitriona lavaba mi ropa interior sucia (yo no sabía que iba a hacer esto) y colgó los artículos a secar en la cerca de alambre de púas en el frente de su casa. Mi compañero de la delegación y yo dormimos en catres en la habitación con piso de tierra; nos bañamos vertiendo palanganas de agua fría de la llave sobre nosotros afuera, en la parte trasera de la casa, la única fuente de agua corriente.

¡La comida y la hospitalidad! ¡Maravillosas! Me sentí avergonzado, otra vez, de que estábamos comiendo más que la gente que vivía allí y quien estaba aportando para nosotros.

Picture4¿Quién puede olvidar la adoración en la iglesia bombardeada, con agujeros en el techo y las paredes, y la fe fuerte y convincente de las personas? ¿Y las mujeres que continúan con el liderazgo de la iglesia?

Durante un hermoso día soleado, visitamos el río Sumpul, el sitio de la masacre, y disfrutábamos del calor y comimos un almuerzo de picnic, tratando de imaginar el horror de las personas desesperadas a huir de la violencia. Visitamos el lugar del enterramiento de Oscar Romero en el 18 aniversario de su asesinato, y fuimos a la capilla donde fue baleado y a su apartamento modesto, donde sus vestiduras colgaban en el armario, aun teniendo el agujero manchado de sangre donde la bala entró en su corazón.

La alegría, la fe y la hospitalidad. Estos son los dones de las personas que todavía llevo en mi corazón.

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Picture5KS
Delegaciones: marzo del 1998, noviembre del 1998, febrero del 2000, agosto del 2001
(Reflexión: abril del 2015)

Participé en varias delegaciones a San Antonio Los Ranchos y después continué visitando El Salvador por mi propia cuenta, volviendo para estudiar en el extranjero, trabajar de voluntaria, y trabajar allí por un período de tiempo. Como una persona joven, mi experiencia en El Salvador me afectó de manera significativa y todavía recuerdo mi participación en la primera delegación en 1998. Asimilé las historias de miembros de la comunidad, ya que compartieron sus experiencias de la guerra, del arzobispo Romero, y de su realidad actual. Visitamos el río Sumpul, que en 1998 estaba extraordinariamente limpio, pero en la década anterior fue a menudo el tono de rojo debido a las masacres. Nosotros adoramos en su iglesia que tenía agujeros en las paredes debido a las bombas de la guerra. Mientras aprendíamos acerca de los desafíos que continuaban afectando a la comunidad, escuchábamos atentamente mientras hablaban. Y luego compartimos así… las historias de nuestra iglesia, nuestras familias, nuestra ciudad y país…  nuestros desafíos, nuestras esperanzas… También nos reímos juntos – una vez trataron de enseñarme ordeñar una vaca. También aprendí hacer pupusas y con los años se han puesto más redondas y menos cuadradas… Jugar con los niños con mi español chapurreado, que ha mejorado un poco con el tiempo, y construyendo amistades con miembros de la comunidad me mantuvo volviendo cada año. Las relaciones eran lo que era y siguen siendo lo más importante.

memorialAhora, años después a pesar de muchos obstáculos, hay historias de éxito de la comunidad – de los jóvenes que se elevaron a los roles de liderazgo en Los Ranchos y han obtenido títulos universitarios (algunos con el apoyo de la Iglesia Primera Luterana). Uno de mis hermanos de una familia anfitriona tiene ahora un puesto destacado dentro de la Secretaría de Cultura y continúa haciendo un impacto a través de las artes y el teatro a nivel nacional y, por supuesto, regresa a Los Ranchos cada vez que puede. También soy la madrina orgullosa de la hija de una amiga y, en gran parte debido al impacto de estas experiencias, estoy agradecida y honrada de tener la oportunidad a través de mi trabajo profesional para seguir dedicándome a los derechos humanos y las cuestiones de inclusión social en la región.

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1999BD
Delegación: febrero del 2008
(Reflexión: abril del 2015)

Me gustaría compartir un mensaje corto reflexionando sobre cómo ha dejado un impacto en mi vida el viaje de la delegación en el 2010. He compartido esto con muchas personas, incluso miembros de mi congregación actual, pero a lo grande, el viaje de Iglesias Hermanas a El Salvador fue uno de los factores decisivos para mi inscripción en el seminario para perseguir el ministerio ordenado. Mientras aprendimos sobre Arzobispo Oscar Romero y cómo Dios tomó este sacerdote de voz suave, estudioso, una personalidad que normalmente no hace olas, y lo llevó a encontrarse con Jesucristo resucitado entre los salvadoreños que estaban experimentando tales dificultades, tanto que su corazón fue cambiado y su corazón se convirtió en uno con el corazón del pueblo, me di cuenta de que si Dios pudo tomar este hombre imperfecto y cambiar el mundo a través de él, Dios ciertamente podría trabajar a través de mí. Me inscribí al programa del seminario en línea varios meses después de regresar y he hablado a menudo de esta delegación con respeto a mi llamado al ministerio ordenado.

La otra gran manera que dejó un impacto en mí fue la experiencia de la hospitalidad de nuestra familia anfitriona. Reagan y yo nos quedamos con la familia Serrano (Miguel Serrano había recibido una beca) y siempre me acuerdo de lo honrado que me sentí como el invitado de ellos, honrado en su formas que yo sabía que estaban haciendo un sacrificio de su parte para alojarme, y que estaban felices de hacerlo. Sus acciones me enseñaron acerca de la naturaleza sacrificial de la hospitalidad radical- el tipo que Cristo nos ha mostrado en la cruz- haciendo espacio para nosotros a un costo real. Y, sin embargo, a pesar del costo, la alegría se puede encontrar allí. ¡Los miembros de familia Serrano eran predicadores poderosos para mí y doy gracias a Dios por ellos y por todos los esfuerzos de ustedes en hacer esa delegación posible y mantener el hermanamiento entre la Iglesia Primera Luterana y Los Ranchos! Ha sido un placer ser parte de él.

Las barreras del idioma, por supuesto, estaban presentes, pero recuerdo que me sentía como un invitado de honor junto con Reagan. El viaje parecía dejar una impresión duradera en los estudiantes de la secundaria que asistieron.

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2Tom Sullwold
Delegaciones: marzo del 1998,
febrero del 2000
(Reflexión: abril del 2015)

Acabo de mirar todas mis diapositivas de las dos delegaciones para  refrescar la memoria. Tuve muchos recuerdos buenos que podrían estar en una película de los más destacados y algunos que son extremadamente sobresalientes. Disfruté de la compañía de mis compañeros delegados en ambos viajes. Disfruté nuestros anfitriones John y Walter. En el primer viaje llegamos a Los Ranchos a tiempo para unirnos a la Vía Crucis. Hemos aprendido sobre de la historia de la zona, el sufrimiento, y sobre el papel que el gobierno de Estados Unidos tuvo en ayudar al gobierno en contra de la guerrilla. Otros recuerdos eran; montar caballo a El Alto, la UCA y Romero, la iglesia donde fue asesinado Romero, y mezclarnos con la gente y los burros, cerdos, pollos, ganado y todos los perros.

En el segundo viaje llevé mi guitarra y escuché a Walter cantar todas esas canciones populares. Pedí un mantel de 4 pies del Comité de Mujeres y sigue siendo mi recuerdo favorito. Hemos aprendido más acerca de la estructura de los grupos dentro de la comunidad. Los grupos estaban vinculados como los 5 círculos olímpicos (una observación mia), incluyendo la iglesia. No como en los EE.UU., donde tenemos una estricta (mala) interpretación de la separación de la iglesia y el estado. Me alegra ver que la relación con Los Ranchos haya continuado con numerosas delegaciones en los últimos 10 años.

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SingingKatie Rogotzke
Delegación: noviembre del 2004
(Reflexión: abril del 2015)

Mi primera y única experiencia fue hace 12 años, pero todavía recuerdo vívidamente muchas de las experiencias en ella.

Si bien recuerdo las personas, los lugares, la iglesia, el idioma, la comida, aún más importante recuerdo los sentimientos. Recuerdo experimentar la generosidad de un nivel diferente. De las personas que no tienen muchas cosas para ofrecer, pero quien ofrecían todo lo que tenían. Recuerdo la felicidad y la cercanía de la familia. Pero también recuerdo la ausencia de personas – de miembros de la familia que se mudaron, cruzando fronteras y de otros perdidos en la guerra civil sangrienta de los años 80. Las personas compartieron sus recuerdos de la guerra, siempre muy dolorosos, pero que deseaban que no se olvidara su lucha, las razones por ella, los héroes y mártires. Y a pesar de este dolor, no nos echaban la culpa a nosotros y no nos guardaban animosidad. Eran amables y perdonadores, y vivían con el entendimiento de que las personas pueden ser impotentes en su propio país. Estos fueron todos los valores que me impresionaron mucho, me inspiraron y me ayudaron a impulsar a lo que hago hoy en día y espero hacer en el futuro.

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Centro de SaludLeah R.
Delegaciones: noviembre del 2004 y febrero del 2008
(Reflexión: abril del 2015)

Durante mi último año de la escuela secundaria, participé en mi segunda delegación para visitar a nuestra iglesia hermana en Los Ranchos, El Salvador. Este viaje, al igual que la primera, era muy diferente a lo que esperaba de un llamado “viaje misionero.” Cuando uno piensa en un viaje de misión, la mayoría imaginan que van a construir una casa. Mientras que esos esfuerzos son necesarios y beneficiosos, el viaje de Los Ranchos es único en su enfoque, lo que es aún más valioso e importante.

Mientras que en Los Ranchos, cada uno de nosotros nos quedamos con una familia anfitriona, muchas veces en casas de uno o dos cuartos, en las cuales toda la familia dormía juntos. En vez de ir allí para “hacer” algo, fuimos allí para aprender: para intercambiar ideas, culturas y sueños. En lugar de simplemente implementar un proyecto, este proceso de intercambio nos permitió encontrar nuestra humanidad compartida. A pesar de que me quedé con las personas con quienes, por mi impresión inicial, no teníamos nada en común, terminamos encontrando que todos estábamos más similares de lo que pensábamos. Como yo, otros jóvenes de mi edad querían ir a la universidad o encontrar empleos que les permitirían mantenerse a sí mismos y tal vez comenzar una familia. Sin embargo, a diferencia de mí, se encontraban con obstáculos muy difíciles a estas cosas que muchos estadounidenses dan por hechas. Cada familia tenía un pariente directamente afectado por la guerra civil larga durante la década de los años 80 y en la década de los 90. Cada familia tenía un familiar que estaba en los EE.UU., de manera ilegal o muy rara vez legal, trabajando solo para poder mantener a sus familias en Los Ranchos. La mayoría había salido sin querer trabajar ilegalmente en los EE.UU., pero había sentido que no tenían otra opción. Los jóvenes de mi edad que quedaron en la comunidad querían ir a la universidad, pero la mayoría carecían de los medios económicos para hacerlo. De todo esto, nos enteramos de que muchos de los problemas más grandes que enfrentaba la comunidad eran las barreras económicas a la educación y las barreras resultantes del empleo. En vez de ir a arreglar algo en la comunidad sin el conocimiento adecuado de los problemas clave de antemano, hemos sido capaces de averiguar directamente de la comunidad lo que más necesitaban. Como resultado, la Iglesia Primera Luterana estableció un fondo de becas para apoyar a estudiantes universitarios inteligentes de Los Ranchos que se han comprometido a permanecer en El Salvador y contribuir al hacer un futuro más vibrante  para Los Ranchos.

Picture2He trabajado más recientemente en un proyecto internacional de desarrollo implementado en el sur de Siria. Nuestro proyecto es para evaluar y reparar la infraestructura esencial en las comunidades asoladas por la guerra. La infraestructura dañada incluye la fuente de agua municipal dañada, escuelas y hospitales bombardeados, e infraestructura eléctrica destrozada. Antes de iniciar el diseño o la implementación de un proyecto, nuestros ingenieros sirios van a una comunidad para hablar con los miembros de la comunidad con el fin de obtener una visión precisa de los proyectos más necesarios de la comunidad. El viaje de Los Ranchos primero abrió mis ojos a la importancia de involucrarse directamente con la gente, encontrar nuestra humanidad compartida, y luego trabajar para mejorar la vida uno al otro. Aunque me gusta pensar que hemos sido capaces de hacer un impacto en las vidas de las personas en Los Ranchos, lo que sí sé con certeza es que mi experiencia con ellos afectó profundamente mi vida, la enriqueció, y me puso en el camino donde estoy ahora.

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Picture1Pastora Kris Garey
Delegaciones: marzo del 1998, noviembre del 1998, febrero del 2000, agosto del 2001
(Reflexión: mayo del 2015)

Fue un gran placer escuchar que la reunión de la junta directiva del norte de Iglesias Hermanas del mes pasado (abril de 2015) tomó lugar en la Iglesia Primera Luterana en Duluth. Han pasado nueve años desde que me mudé de Duluth, pero por suerte para mí, los visitantes de nuestros socios del ministerio de San Antonio Los Ranchos pudieron hacer el viaje adicional a la pequeña ciudad en la costa norte del Lago Superior donde vivo ahora y trabajo de pastora (Iglesia Luterana Trinidad en Hovland, MN) hace aproximadamente 4 años. ¡La reconexión me llenó de alegría!

¿Cómo puedo describir cualquiera de las cuatro delegaciones de Iglesias Hermanas a Los Ranchos en las cuales tuve la oportunidad de participar? Todos fueron llenos de aprendizaje, estar orientada, con el shock y la sorpresa y la celebración, con el aprendizaje de la historia, la agricultura, la cultura, el clima, el idioma y las complejidades de un conjunto de circunstancias (las de la gente de Los Ranchos / las de la gente de Duluth), y cómo se le añade complejidad cuando los grupos de “complejidad” se juntan. Nuestros viajes no fueron excursiones de turismo, eran inmersiones en la vida de un pueblo con gran dignidad cuyos medios de vida y las estructuras de las familias habían sido golpeados duramente por la opresión, la guerra, la pobreza, y un mundo más grande que estaba bastante contenta con olvidarse de ellos. Sin embargo, el pueblo de Los Ranchos y de El Salvador continuaron encontrando maneras de levantarse a través de las circunstancias contra ellos, especialmente importante fue el liderazgo y el pastoreo del Arzobispo Oscar Romero. Su asesinato en 1980 fue sin duda un intento de acabar con su voz que usaba para decirle a la gente que se valoraba y se importaba, pero la gente siguió defendiendo su derecho a existir y tener empleos, ingresos, atención de la salud, educación y esperanza. Escribiendo esta reflexión, tantos recuerdos vienen a la mente, y me doy cuenta una vez más que El Salvador es un lugar donde Dios nos muestra la cara real de Isaías 58:11 “Y el SEÑOR te guiará continuamente, saciará tu deseo en los lugares áridos, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.”

Una historia que revela mucho es lo que yo llamo “la señora samaritana en el pozo.” Estábamos en el extremo más alejado de Los Ranchos, caminando un camino polvoriento, cuando vimos, a un lado, un pozo de agua con cubeta y cuerda. Bajando un camino empinado hacía el pozo estaba una señora mayor, y nuestros anfitriones nos dijeron que sin duda nos había visto caminando, y sentía curiosidad. Nuestros líderes de Los Ranchos luego ofrecieron a llevar el agua para ella; llenamos las cubetas y los llevamos por el camino empinado a su casa. Después de visitar y ver su casa pequeña y no muy sólida, caminamos de regreso por el camino. De nuevo en el camino, nuestros anfitriones nos dijeron que la señora y su familia habían estado en el lado opuesto de la guerra desastrosa — pero todavía se aseguraban de que tenía agua y arroz y a veces la visitaban a ver si ella estaba bien. Jesús en el pozo en Samaria dijo a la mujer que había sido una paria al pueble de él, “ve y diles a los demás… el agua que yo les daré será en ellos un manantial que brota….” Esos líderes en Los Ranchos, comparten con nosotros la imperfección, pero también se encuentran la obediencia a la llamada de Cristo a ser “un manantial que brota,” ya que muestran compasión para los menos propensos a recibirla. Ella podría haber estado fuera del alcanzo de la simpatía de ellos, pero todavía la cuidaban.

Iglesias Hermanas fue un punto de partida fundamental para la Iglesia Primera Luterana. Cuando nuestro grupo pequeño de la Iglesias Primera Luterana inicialmente fue deslumbrado por lo que parecía un deseo imposible, establecer una relación a largo plazo con una comunidad en Centroamérica para aprender juntos como compañeros, buscamos consejo. Y los líderes de la Iglesia Evangélica Luterana de América seguían diciéndonos “que realmente necesitábamos hablar con Iglesias Hermanas.” ¿Cómo podemos agradecer a Dios lo suficiente por los regalos de Iglesias Hermanas y Los Ranchos, a la Iglesia Primera Luterana, y a todos los que han sido tocados por nuestro hermanamiento? Una forma es hacer como la Iglesia Primera Luterana está haciendo: Continuando con el hermanamiento, y continuando a reflexionar sobre la importancia de aprender de y con aquellos cuyas vidas varían tanto de las nuestras.

Picture3El tiempo pasado con las comidas sencillas, tomando café o cerveza con amigos en las pequeñas tiendas y “comedores” de Los Ranchos y pueblos vecinos era agradable; las excursiones en las montañas en las altas temperaturas, para llegar a una casa y estar servidos el caldo de pollo caliente (imagínense el sacrificio hecho por nosotros con la escasez de carne y una comida caliente preparada en un día caluroso) eran difíciles. La dependencia en los intérpretes para nosotros los norteamericanos nos llenó de humildad, porque nos mostró nuestra falta de conocimiento de otros idiomas. Una delegación que se hizo un mes después del huracán Mitch, cuando los intérpretes estaban sirviendo a las organizaciones de auxilio de desastres en las aldeas más afectadas que Los Ranchos, era doblemente difícil. Durante la mayor parte del viaje no tuvimos intérprete. Así que con nuestro pobre Español, el Inglés limitado de los salvadoreños, y una combinación improbable pero necesario (uno de nosotros hablaba noruego, uno de Los Ranchos sabía poco de sueco de haber pasado tiempo allí en un Centro de Recuperación de Trauma) nos tuvo que ser suficiente. Con esta interacción a veces torpe y siempre graciosa, vimos la pena del huracán aumentada (y quizás excedida) por la falta de respuesta por parte del Gobierno de El Salvador (o en la región de Los Ranchos, por organismos internacionales). Y aprendimos profundamente de la atención que las personas nos brindaron a nosotros, incluso en un momento de necesidad grave.

A veces la gente me pregunta, cuando mi encuentro con Dios a través de la gente de El Salvador aparece en conversaciones o sermones, algo así como: “¿qué era exactamente lo que viste…?” Muchas historias vienen a la mente, incluyendo esta: Caminando con un grupo pequeño en una zona en las afueras de Los Ranchos, donde un hombre se sentó y platicó conmigo mientras otros miembros del grupo se iban a otra casa. Y en la conversación, este hombre con los ojos que debo describir como los ojos de Jesús, dio gracias a Dios por nuestra visita, y a nosotros por haberles regalado una pancarta litúrgica para su Iglesia. La pancarta mostraba una iglesia que había sido destruida, como la iglesia de Los Ranchos había sido destruida por el ejército. Pero las personas están corriendo hacia ella con alegría, con las palabras “nosotros el pueblo de Dios nos levantaremos y edificaremos” (de Nehemías en la Biblia) debajo de la gente. Este maravilloso agricultor de camote me dijo, “su regalo nos ayuda a saber que Dios está con nosotros, y que vamos a reconstruir el edificio de la iglesia y nuestras vidas.” Nuestro viaje sencillo, alentando a la gente en maneras que no podríamos haber esperado; y la construcción de la fe y la esperanza en nuestras vidas.

Gracias a Iglesias Hermanas, y a todos en la Iglesia Primera Luterana que seguirá acompañando a la gente de Los Ranchos mientras se levantan y construyen.

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