A prayer of love, confession and lament / Una oración de amor, confesión y lamento

Español abajo

by Bruce Lohmann

God we ask so many times for so many reasons.  God we ask because we need and people we know need.  God we ask when we cannot do by ourselves what must be done.

So many times, God we asked for your Spirit to bring through our work your intended world.

 We have your Spirit but we mostly turn away from its pull, we become deaf to its pleas, we turn away.  And so we are as the lost, wandering here and there, doing this and that, to little final purpose.  And we become as though deaf and blind to so many who turn to us.  So they too are lost.  

 God help me be as one with the Spirit you have given me.   Help me turn back to the Spirit I once embraced with my heart, my soul, and with my words.  

 God help us all turn to the Spirit, help us all, my sisters and brothers in Danville and all our beloved in San Antonio.

 So God we do not pray today that you do things for us.  We do not pray for manna in our desert. We do not ask for fish, but that we who are fishermen, we whose nets are full, become changed by your Spirit.

 So we pray now that you do to us, that you change us, that your Spirit take hold of our hearts, our minds, our words and our wealth, our fish and our corn.  

We pray God will all fervence that you do what you only can do, that you direct your Spirit to change us. We ask this in the name of your Son, Jesus Christ.

 And so we gather here in Danville and our sisters and brothers gather in San Antonio, in his name.  And we believe his promise, and so we gather in his name today, and this is what we pray for:  that your Spirit take hold of our hearts, our minds, our words and our wealth as we learn how to share our fish and our corn.   

 That your Spirit lead some of us to share even our last kilo of corn with our hungry neighbors, so when the corn is gone, we could share the hunger of our brothers and sisters, at least comforted with the truth that none will go hungry unless all go hungry.  These are hard things, to give of the little you have. 

But my brother’s children cry is harder still.  And we know God that you take no pleasure in our health, wealth and achievements, when our sister’s daughters both awake in the middle of the night with the hunger that never lets them fully rest.

 And the children cry.  They cry, by turns quietly or loudly, but mostly silently, as they starve for many necessary things that all children need: good nutrition, good doctors, medicines, schools, and a stove that does not make so much smoke that to sit at the supper table imperils their lungs and sinuses make them cough.  They cry even as we long for their laughter.  So God, we pray for the Spirit to open us to the right love and right will and right way to be with our struggling neighbors. 

 In Danville and in so many places, we who have many more than a single kilo of corn, put it in safekeeping to carefully guard against any future hunger. It is wise to make such provisions for the future.  But then, we see our neighbor struggle. Oh Spirit, make me feel her hunger. 

 This is a simple prayer, and your Son knew some of his prayers stopped his followers in their tracks and made them scratch their heads and even argue with him. And we might argue against the need for such a prayer, but it is the one I have made for us today.

With much love.

 Bruce Lohmann, M. Div.Berkeley School of Theology, 2012 

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Dios te pedimos tantas veces por tantas razones. Dios te pedimos porque nosotros necesitamos y las personas que conocemos necesitan. Dios te pedimos cuando no podemos hacer por nosotros mismos lo que se debe hacer.

Muchas veces, Dios nosotros pedimos que tu Espíritu  a través de nuestro trabajo traiga el mundo que tu haz previsto.

Tenemos tu Espíritu, pero la mayoría de las veces nos alejamos de su atracción, nos volvemos sordos a sus súplicas, nos alejamos. Y así somos como los perdidos, vagando por aquí y por allá, haciendo esto y aquello, con casi ningún propósito final. Y nos volvemos como sordos y ciegos para muchos que nos buscan. Entonces ellos también están perdidos.

Dios ayúdame a ser uno con el Espíritu que me has dado. Ayúdame a volver al Espíritu que una vez abracé con mi corazón, con mi alma y con mis palabras.

Dios ayúdanos a ser uno con El Espíritu que tú nos diste, ayúdanos a todos, a mis hermanas y hermanos en Danville y todos nuestros amados hermanos y hermanas en San Antonio.

Así que Dios, hoy no oramos para que hagas cosas por nosotros. No rezamos por el maná para nuestro desierto. No pedimos pescado, sino que nosotros que somos pescadores, nosotros que cuyas redes están llenas, seamos transformados por tu Espíritu.

Así que oramos ahora para que hagas en nosotros, que nos cambies, que tu Espíritu se apodere de nuestros corazones, nuestras mentes, nuestras palabras y nuestras riquezas, nuestros peces y nuestro maíz.

Oramos a Dios con fervor para que hagas lo que solo tú puedes hacer, que dirijas tu Espíritu para cambiarnos. Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo.

Y entonces nos reunimos aquí en Danville y nuestras hermanas y hermanos se reúnen en San Antonio en tu nombre. Y creemos en tu promesa, y por eso nos reunimos en tu nombre hoy, y esto es por lo que oramos: que tu Espíritu se apodere de nuestros corazones, nuestras mentes, nuestras palabras y nuestras riquezas mientras aprendemos a compartir nuestra riqueza, nuestros peces y nuestro maíz.

Que tu Espíritu nos lleve a algunos de nosotros a compartir hasta nuestro último kilo de maíz con nuestros vecinos hambrientos, para que cuando se acabe el maíz, podamos compartir el hambre de nuestros hermanos y hermanas, al menos consolados con la verdad de que ninguno pasará hambre a menos que todos pasen hambre. Estas son cosas difíciles, dar de lo poco que tienes.

Pero el llanto de los hijos de mi hermano es más fuerte aún. Y sabemos  Dios que no te complace nuestra salud, riqueza y logros, cuando las hijas de nuestra hermana se despiertan en medio de la noche con  hambre, esa hambre que nunca las deja descansar del todo.

Y los niños lloran. Ellos lloran, por turnos en voz baja o en voz alta, pero sobre todo en silencio, mientras se mueren de hambre por muchas cosas necesarias que todos los niños necesitan: buena nutrición, buenos médicos, medicinas, escuelas y una estufa que no haga tanto humo para que al sentarse a la mesa de la cena no sea un peligro para sus pulmones y sus fosas nasales  pues ese humo les hace toser. Lloran incluso cuando anhelamos su risa. Entonces, Dios, oramos para que el Espíritu nos abra al amor correcto, la voluntad correcta y a la manera correcta de ser y estar  con nuestros vecinos que luchan.

En Danville y en tantos otros lugares, nosotros, que tenemos más de un solo  kilo de maíz, lo guardamos para protegernos cuidadosamente contra cualquier hambre futura. Es sabio tomar estas disposiciones para el futuro. Pero luego, vemos a nuestro vecino luchar contra la escasez. Oh Espíritu, hazme sentir su hambre.

Esta es una oración simple, y tu Hijo sabía que algunas de sus oraciones detuvieron a sus seguidores en el camino y estas oraciones  los hicieron rascarse la cabeza e incluso discutir con él. Y podríamos argumentar en contra de la necesidad de tal oración, pero hoy esta es la oración que he hecho para nosotros.

Con mucho amor.

Bruce Lohmann, M. Div.

Escuela de Teología de Berkeley, 2012

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